CrónicasDeMentes
Mi intención no es que sean entendidas, sólo que sean publicadas.
Es extraño estar en casa, en el lugar donde crecí, sintiéndome ajena, con las personas que más conozco, no sabiendo a ciencia cierta que rol ocupar. Con la ansiedad invadiendo mis actos, con ganas de sentarme frente a la vil pantalla con la esperanza, ya en franca disminución, pero aún viva de que un par de palabras tuyas tengan como destinatario mi persona, esperando que un par de pixeles ordenados armónicamente logren transmitirme parte de lo que sientes y oculten todo lo que soy. Con la secreta y ridícula ilusión de que un par de segundos tuyos, sean de mi propiedad, y que cuando veas cualquier cosa, te acuerdes de mi.
Y desde lejos, la distancia no hace su trabajo, y tampoco lo hace el tiempo, y la racionalidad intenta imponerse, pero lo ilógico del asunto es más fuerte, y combate a las huestes de elaborados y racionales argumentos con una astucia envidiable.
Y lo más absurdo de todo es que pasa el tiempo, como siempre implacable, y mi mente no reacciona ante ese riesgo. Desea lo mismo que en el principio y no se da cuenta de que ya es el final.
28 de Diciembre, 2:34 am
Me gustaría escribir como condenada a hacerlo, me gustaría, me gustaría hacer tantas cosas, deshacerme de estos pensamientos, armarme de valor y enfrentarme a mí misma, y decidir, de una puta vez, acabar con lo que duele, con lo insano, con lo enfermo, con lo carente de lógica, con lo instintivo.
Y veo, contemplo, que las ideas, ya sin gracia se van desvaneciendo en la racionalidad, y que mi estupidez se empecina en revivirlas. ¿Por qué cuesta tanto olvidar lo olvidable, y recordar lo que se debe recordar? Mi cabeza, en estos momentos es un lío, un lío atado por nudos que no conozco o no quiero conocer, y más, soy ridículamente ególatra, tanto que no puedo dejar de hablar de mí misma, hablar sin hablar, un decir inútil, sin contenido, vacío, hueco, hablar un lenguaje extraño, incomprensible, que nada dice y que nada resuelve.
Una vez más pregunto y no soy capaz de contestar, necesito reorganizar lo que tengo, y obtener de algún modo, lo que me falta. Ya son muchas las cosas que se han acumulado en el cajón de pendientes y es hora de asumir la responsabilidad, dejar de lado el temor, el miedo a volver a fracasar, y llenarse de esa adrenalina casi infantil que invade al cuerpo al asumir un desafío, es hora, es hora, es ahora, pero, pero, pero… ¿No puedo acaso detener el tiempo y pensar? ¿Quién me dice que es ahora, y no ayer, o quizás mañana? ¿Por qué ahora no tengo la certeza absoluta de nada? ¿Dónde la perdí? ¿En qué momento abandoné a mi mente y la dejé sin mi fiscalización?
Quiero responderme, pero temo a las respuestas, a su carácter, a su naturaleza, a que me ordenen cosas que no quiero, que temo, que ignoro… Y si hay algo que odio, es el ignorar.
Comentarios