2:02am. Enero, 16 del 2010.
No quería seguir escribiendo de esto. Realmente, no tenía ganas. Sólo tenía la intención de ignorarlo, y con aquello, olvidarme. Un poco ilusa ¿no? El problema es, que el ser terca no sólo se manifiesta en mis relaciones con los demás, sino que también en mi fuero interno. Entre más intentaba ignorar, aquello que quería dejar de lado más se empeñaba en llamar la atención, en gritar y obligar, prácticamente, que algunos segundos, que más tarde se transformaban en horas, estuvieran a su disposición.
Y lo que más me desagrada de todo esto, es que ese intento de ignorancia, me lleva a pasar por todos los estados anímicos posibles. Al principio, un sentimiento de superioridad, placentero, invade todo lo que hago, un intento vano de decirme a mí misma: “puedo vivir sin esto o lo otro, eso debe estar necesitando de ti”. Lástima que la ilusión no dura mucho, porque no demora en llegar la sensación de que falta algo, algo por que llorar, por que reír, algo que amar, sensación de dependencia que aborrezco con todo mi ser, pero que no puedo evitar. Detrás de ella, llega radiante la memoria, que no es capaz de recordar lo que se le ordena, sino que libre e indomable corre por los campos de lo pasado como sólo ella sabe hacerlo, refregándome en la cara hasta los más mínimos detalles de todo aquello que deseo olvidar, y con esto, llega finalmente la pena, con la que se inician los cuestionamientos, “¿qué hice mal?, ¿serviré para esto?”, preguntas ridículas que no hacen más que alejarnos de la cordura, y para finalizar, el resultado es claramente peor que el antecedente. En vez de avanzar, retrocedí, y ahora me siento muchísimo peor.
Pero, creo, y espero esta vez creer bien, que eso no volverá a pasar. Sé, y para ser sincera hace mucho tiempo que lo sabía, que aunque haga todo lo que esté a mi alcance para conseguirlo, eso y sólo eso, no lo alcanzaré, nunca bastará con lo que yo tengo o con lo que yo pueda dar, y antes sufría por eso. Ahora me doy cuenta de que simplemente, debo sumarlo a los motivos que prueban por qué debo negar y anular todo lo que sienta respecto a aquello que yo quería tal cuál era.
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