Mi pensamiento ha dado frutos.
Grandes verdades han salido al mundo, son mías, de mi experiencia, de mi vida, de lo que veo, de lo que (me) pasa.
Ya no tengo tanto miedo, ni tanta pena. Me endurecí, y en eso, perdí parte de mi brillo.
No sé si lo recuperaré, pero en este momento, creo que no me importa mucho.
Es parte de crecer.

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