Balanza



Una decepción se añade a la lista. La balanza se inclina cada vez más hacia donde no debería. Y es hora de hacer los recuentos, y analizar cuanto hemos ganado, y cuanto hemos perdido, es tiempo de análisis.

La culpa es la primera en aparecer, hace su entrada triunfal en cada uno de mis actos, cuyas potencias nunca fueron actualizadas. La miro con rabia, y asumo que su presencia se encuentra determinada única y exclusivamente por mi, veo con los ojos hinchados todos los errores que poco a poco la fueron forjando, conscientemente, y que ahora la siguen como perros falderos.

Y recuerdo, que hace un año atrás, los únicos elementos de mi balance eran promesas y buenos augurios. Yo era promesa, y ahora soy decepción.

Y me gustaría culpar a alguien de tan fatal transformación, pero la verdad es lo primero que florece en esta fantasía y les muestra a todos la realidad de las cosas, la realidad que muchas veces no quise ver, cegada por mis propios pensamientos, cegada por mis incapacidades y mis obstinaciones.

Ahora, la culpa es Reina, y la motivación huye despavorida, al contemplar que la irresponsabilidad y la negligencia han confabulado contra ella y le han arrebatado su trono.


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